5 feb 2025
Caffé Morrison dos vidas después
El Miedo.
18 feb 2024
Que tejia y destegía su mortaja,
Hoy yo tengo que destejer
Todo esto que siento por vos.
Me tocan mis cien años de soledad,
No por quedar sola,
Sino por vivirlos sin ti.
Atrapándome en tu manto dulce,
ése que terminó por sofocarme
y no dejarme respirar sin ti
Pero también sin mí.
de que esto fuese posible.
La vida entera,
El olor a bebé
El ladrido de los perros,
El sosiego de tu mano.
Todo, todo lo que puedo llegar a sentir.
El amor desenfrenado,
El sí instantáneo
El sueño hecho realidad.
Sentir así. Perderme así.
Me deseo toda la enormura del corazón
Todo lo que sentí por ti
Que la imperfección es lo perfecto,
Que en el error se encuentra el amor,
Y que la utipía
no existe.
21 ago 2022
La visión romántica y la visión realista del amor
30 jul 2022
Elegir no abrirme,
poner 73 candados antes de que alguien llegue al núcleo de mi alma.
No querer ó no poder mostrar
una lágrima
una sonrisa verdadera
sostener la mirada.
No querer sentir.
asustarme ante el interés genuino de otra persona.
Todo lo que quiero me aterra,
las caricias
los besos
las expresiones de cariño.
Me quiero hacer un bollo chiquitito y llorar
y que alguien me abrace y me diga que todo va a estar bien,
me toque el pelo
me recuerde respirar lento.
Y poder quedarme quieta
disfrutando la simpleza
de cualquier expresión de amor.
Carta a una amiga a la que no le puedo hablar.
Y la verdad, no sé por qué.
Con la cantidad de falta de cariño en este mundo, ¿quién habría de dejar de querer un amigo?
Según ella, la culpa la tengo yo. Con excusas vagas y palabras que no significan nada me explica que tengo actitudes que no le gustan. Que no la llamo lo suficiente ni me preocupo por ella lo suficiente.
17 jun 2022
De cicatrices y sus historias
Estábamos en clase. Loli me mostró su navaja, y yo me puse a abrir todos sus cuchillos. Era emocionante ver cómo tantos filos con tantas formas podían entrar en una pieza tan chiquita. Después de unos muy pocos minutos, vi que mi mano estaba empapada de sangre, cubierta por un caudal del cual no podía descubrir un origen: nada me dolía, nada me molestaba, pero claramente en algún lado me había cortado.
Y ya no tengo que justificarme.
4 jun 2022
buscando un punto de isnpiración en estos ladrillos, en estas luces, en este extraño que hace 20 minutos se confesaba oriundo de Malasia que se había enamorado de Latinoamérica y vivía en Sao Paulo.
Sentada acá te busco, a vos, a la que está metida dentro de la coraza de un árbol profundo en medio de un bosque profundo.
A vos que quisiste llevarte todo por delante, creyendo que podrías, creyedo que eras especial, que las emociones fuertes iban a callar en algún momento todos los gritos de tu alma.
Que tu dolor, enterrqado dentro de las entrañas de tu mente, iba a permanecer ahí si le dabas distracciones suficientes como para no tener motivos para salir y enfrentarte a una realidad que, en parte desconocías, pero que temías fuese parte de tu historia.
Aprendiste o implosionaste.
#Escribo para entender. Entender qué es lo que pasé, en ese agujero de 9 años, donde mi alma se transformó tanto que ya no pude reconocerla. Donde fui a explorar, y al explorar al mundo, el mundo me exploró a mí. Y me dio miedo. Y no estaba preparada para eso.
La mirada de lo ajeno, las culturas distintas, introducir del aire todo lo nuevo que pudiera conocer no era más que el abismo reflejado en mí.
Jugué a las mil personalidades, a la Majo adaptada al sudeste asiático, Majo adaptada a Oceanía, Majo adaptada al medio oriente, a África. Siempre sentí que poder adaptarme tan fácilmente a culturas distintas era un "asset" que tenía. Pero era, tristemente, mi falta de ingredientes, mi repudio a lo que me conforma, mi desprecio hacia mis genes y mi pasado, que hizo que buscara sosiego en cualquier país que me acogiera.
La idea de una nueva vida, una nueva familia... fueron un parámetro, una estructura constante para sentirme parte de algo que, en esta vida, siento que está equivocado.
Siento la soledad de un niño adoptado que no sabe nada de donde viene su familia.
Siento que nací en otro lugar, en otra familia, en otra cultura. Y que nadie lo sabe ni lo supo jamás.
Mi vida la formé encontrando pedazos de culturas que resonaban con mi ser, y así formando una nueva "nacionalidad"; la mía, la original, única, o lo que sea que fuere.
Elegí ser incomprendida, hablar con palabras adoptadas, expresiones de otras culturas, movimientos del otro lado del mundo, creencias y recuerdos que no se acomodan a la facilidad católica de Latinoamérica, mi región de origen. Sentía que eso me hacía única y fascinante. Lo que de tanto en tanto es real, pero la mayoría de los veces causa separación a raíz de la falta de entendimiento.
No lo sé. Ya no lo sé.
No sé quién soy.
No sé a quién amar.
A la sombra de quien una vez fui, a quien protegí bajo 70 candados,
o a la que se aventuró al mundo dispuesta a perderse en él,
y que el mundo se pierda en mí.
25 feb 2022
Nos encontramos cuando los dos permitimos que otras causas liberen lo que ya llevamos dentro.
Cuando ya no nos importa la diplomacia, ni los títulos, ni las presentaciones.
Nos encontramos en ese tercer trago y esa sonrisa cómplice. En el universo del Platón. Ahí nos conocemos, nos gustamos, nos deseamos, nos entendemos.
Ahí donde nuestras pobres almas mortales descansan en la discresión de echarle la culpa a lo externo por sentirnos parte de algo que quizás allá, en el mundo real, no nos pertenece.
No toda relación tiene que cruzar el abismo de lo real y lo cotidiano.
Y yo puedo querer lo que sos.
13 dic 2021
Los "Argentinos" de cada continente
La fama que tenemos los Argentinos es una costumbre que los argentinos solemos tomar con más orgullo que vergüenza.
Ser considerados como los vivos, convincentes y mentirosos del condado es el equivalente cultural a ser ése chico guapo que salía con las chicas más populares y se daba el lujo de romperles el corazón. Ser Argentino es, para nosotros, ésa fama que mezcla un acento ¿sexy? cuando uno dice "Che... Boludo" y ésa picardía que se espera en cualquier momento y a veces da un pase libre para decir una o dos cosas fuera de lugar.
No digo que esté bien. En rasgos generalizados, cada cultura tiene su fama.
Los Argentinos podemos no admitirlo, pero nos gusta esa fama. Nos da un campo de juego divertido.
Cuando empecé a viajar, yo me llevé esa identidad conmigo en la valija. Y no voy a mentir, ser Argentina me ayudó a romper el hielo en incontables casos en los que uno tiene que ser interesante para hacerse amigos en un país nuevo.
Pero después empecé a entender que no somos los únicos que tenemos ésa fama.
En Latinoamérica, quizá. Pero en el Medio Oriente, hay otros Argentinos. Son los Egipcios.
En Africa, los Argentinos son los Nigerianos. O los Kenianos.
En Asia, los Tailandeses.
Los Argentinos no somos los únicos Argentinos en este mundo.
Los Egipcios tienen, también, ese je ne sais quois que los hace un poquito pícaros, picantes, divertidos y con un poco de peligro. A un Egipcio no me era fácil perderlo en un discurso, sostener una retórica que me hiciera convencerle de algún asunto que se discutiera en la mesa. Ni hablar de negociar con un Egipcio, nunca gané. Cómo me divertía hablar con los Egipcios! Nunca nadie se tomaba las cosas en serio.
Los Kenianos son los reyes del cuento del tío (el "cuento del tío" es el nombre que recibe en Sudamérica (principalmente Argentina, Uruguay, Chile y Bolivia) un tipo de estafa, en la que se aprovecha de la confianza y ambición de las personas por obtener grandes beneficios fácilmente). Cuando la gente de mi oficina no quería venir a trabajar, generalmente la excusa era una abuelita o tía muerta. Había un pibe en mi oficina que mató al menos tres o cuatro abuelas en menos de un año. Yo sabía que era mentira, pero ¿qué le vas a decir? ¿que te traiga el certificado de defunción? No. Encima tenés que jugar su juego y sentirte mal por ellos y desearles lo mejor, cuando sabés, dentro tuyo sabés, que están en la casa tirados con resaca.
Ser Argentina no es ser Argentina sino es ser de éste grupo de personas en el mundo que jugamos haciendo trampa un poquito. No hablo de la trampa turbia, sino la "trampita", el doble sentido, la letra chica, la promesa adornada con moños, confites y guirnaldas.
Hay gente que es eléctricamente irresistible. Y los hay en todos lados y en todas las culturas. Y por suerte fui Argentina lo suficiente como para darme cuenta, y divertirme con éso, con ellos, juntos, sin susceptibilidades de por medio y una chispa de picardía en el ojo. Encontrar complicidad en una persona que se nos hacía diferente es uno de los sentimientos más gratos de este mundo y uno de los mejores sabores de viajar.
Quote del día: (en el "souk", que es el bazaar) "Hello mi friend! Come inside! I have lamps, I have rugs, I have decorations! You want nothing? I got nothing! Come in!
20 sept 2021
La mala educación Vol II.
15 sept 2021
(no me pasa seguido)
18 jul 2021
Pinches mudanzas
9 jun 2021
Mi mus(o)
15 may 2021
Mi dilema con comprar zapatos
Tienen que ser de la misma tela, el mismo modelo, el mismo color, la misma forma que hay en mi cabeza.
Y a no ser que yo misma me vuelva zapatera, eso nunca -pero NUNCA- pasa.
Yo no sé negociar conmigo misma.
Porque no sé negociar conmigo misma.
Y me pregunto si en realidad no hube encontrado todo, pero no lo ví, porque no era *exactamente*, lo que buscaba.
Yo no encontré nada. Exactamente. Pero encontré todo, medianamente.
¿nos conformamos con medianamente?
Yo nunca quise vivir en Argentina, y soñé con llegar a Londres, mi ciudad preferida en el mundo, y trabajar ahí y ser londinense y eventualmente casarme con un señor que dijera "Bo-ehl" en vez de Bottle.
Fue el ego? Volví a mi país a ser alguien en vez de quedarme en Nueva Zelanda siendo nadie.
A veces abro una historia paralela en mi cabeza y me pregunto qué sería de mi vida hoy si me hubiera quedado en Nueva Zelanda siendo nadie, y hubiera escalado desde más abajo mi escalera para lograr ser alguien. Quién sabe.
Estaría hoy en Londres?
El plan debe cambiar.
Siempre.
5 may 2021
Your life together
19 mar 2021
( )
13 abr 2020
Monopoly
Hay mucho tiempo y poco tiempo para los que no sabemos administrar.
Yo no sé administrar.
Estoy en la casa de mi hermana, de verdes y árboles y sobrinos de edades de amor limpio.
En lo de mi hermana se juega al Monopoly. No de vez en cuando, sino de la manera en la que, en la mayoría de las casas, estamos jugando algún juego compulsivamente todos los días.
Yo no sé administrar.
Es algo que aprendí jugando compulsivamente al Monopoly.
Nunca gano.
Pero aprendo, porque eso es lo que hago yo. Aprendo.
El Monopoly me enseñó que yo apuesto al débil. No me importa mi juego, yo voy a jugar para que el débil se haga fuerte, y para que el fuerte no asfixie al resto.
Juego a buscar igualdad de condiciones. A que todos tengan sus casitas. A que la codicia no gane.
Nunca gano.
Y me pregunto qué tan bien está ser así.
Pues claro que ayudar al débil es lo correcto y que frenar al ávaro también es deseable. Pero en el medio me olvido de mí, también parte de este sistema de juego (de vida?), en el cual, una y otra vez, termino perdiendo, contra el débil y contra el avaro.
Quizá la vida sea así también. Uno no vive del amor, salvo Lucre, mi amiga que construyó su patrimonio familiar con una red de telos.
Uno vive también de tener un poco de egoísmo. Porque sos la única persona que va a pensar en vos. Porque todos estamos tratando de construir casitas. Porque todos ganamos, y al ganar alguien pierde. Es la vida, y se puede ver de varias maneras. Ganar no está mal. Quedarse en el medio está mal. Querer ganar y no poder por pensar que actuar en interés propio es sucio. Me gusta y no me gusta pensar así. Siento que si decido cambiar voy a ir a matar gente hambrienta con mis propias manos.
Ganar no está mal.
Pero va a pasar un tiempo hasta que gane en el Monopoly.
23 mar 2020
A.D.D
Quedarse adentro porque la vida te obliga, la ley te lo dicta y la sociedad te condena. Quedarse adentro porque afuera el aire es malo y todos pueden ser tus enemigos si sus partículas llegan a tus partículas y quizás te maten. Porque no podemos permitirnos hacer crecer lo malo, la enfermedad, el riesgo a los viejitos, el miedo a la muerte.
Quedarse adentro porque todos necesitábamos una catástrofe.
Todos necesitábamos entrar. Sentarnos. Callarnnos la boca un rato.
No hacer nada.
Pensar en eso que siempre decimos que vamos a pensar y después hundimos nuestra cara en la pantalla del celular cuando la oscuridad de la noche nos invita a otra cosa.
Ojalá se caiga internet.
Algo que no podemos silenciar es el silencio. Qué cosa tan aterradora, pensar en lo que uno viene pateando al final de la cabeza hace años. Cuando todos los pensamientos se disipan, el estrés de la vida cotidiana y el nimio enojo acerca de la falta de leche deslactosada no tiene razón de ser. Cuando el hecho de que el mail llegue tarde o pase un niño detrás de la cámara en medio de una teleconferencia ya no es problema. No, no esas cosas. Eso no es lo que importaba.
Cuando el pensamiento de Qué pasó con eso que una vez soñaste? aparece.
Ahí te quiero ver culpando la falta de leche deslactosada.
Tu lucha era otra.
Te enfocaste en lo que creías que te iba a mantener a flote
y te diste cuenta que tu lucha era otra.